Las hay valientes

Último día de escuela. Un año más, un curso más y el tiempo vuela. Los niños crecen, así como las canas, las arrugas y los dolores de espalda.
Pero en el mundo de las madres, de esas con canas, arrugas y dolores de espalda, hay algunas que resisten el paso del tiempo y deciden ser valientes. Y se la juegan.
Una de estas mamás valientes ha decidido invitar a su casa, a todos los niños del curso de su hijo. Hace semanas leí un email donde sin conocernos, una mujer desconocida nos invitaba a mi mayor, a sus hermanos y a sus padres, a una casa con piscina para celebrar el fin de curso. Y hacía lo mismo con todas las familias que tenían algún retoño en el curso de su hijo. Yo a eso lo llamo valentía.
Así pues, justo después de que el autobús escolar soltara a mis hijos en mis brazos, éstos, ni cortos ni perezosos, me han apremiado para que voláramos raudos y veloces a nuestra casa en busca de un bañador, unas zapatillas y una toalla. Vestidos de esta guisa, nos hemos presentado en casa de la vecina desconocida. Era fácil saber la casa en cuestión, puesto que estaba rodeada de coches y en el jardín, un tumulto de niños en bañador, dentro o fuera de la piscina, jugaban solos o en grupo, mientras las madres (y dos padres, que los he contado fácilmente) ocupaban algún espacio cerca de la piscina pero suficientemente lejos como para no impactar con los niños que se tiraban dentro del agua sin demasiadas precauciones.
Así, pude entablar conversación con un buen número de madres, a la cual más simpática, y que he clasificado de la siguiente manera:
- madre guardadora de pizza. Esa madre ha guardado el último trozo de pizza que quedaba en toda la casa para su hija. La han avasallado los perros de la casa, pero ella, impasible, ha guardado el trozo celosamente por si su hija quería en algún momento la valiosa pieza de comida. Después de media hora de guardar la pizza, la niña ha salido de la piscina a lo que su madre, triunfalmente, le ha ofrecido su premio y a lo que su hija, evidentemente, ha hecho oídos sordos y no ha ni tocado la pieza preciada.
- madre con un niño en elementary, otro en middle y otro en high school. Era la única madre delgada de la reunión, puesto que debe ser increíblemente estresante ser la madre de tres niños que acuden a tres escuelas diferentes, con tres horarios diferentes y con diferentes actividades extraescolares a los que su madre los lleva sin descanso primero a uno, luego al otro y luego al otro y luego vuelta para recoger primero a uno, luego al otro y luego al otro...¡madre del amor bendito ya me estoy estresando sólo de pensarlo!
- madre dos minutos. ¡Dylan, dos minutos y nos vamos! O eso dice la madre dos minutos. Dylan, por supuesto, haciendo caso omiso a su madre, ha continuado jugando y tirándose a la piscina sin tener en cuenta ninguna restricción horaria. Al cabo de cinco minutos, la madre de Dylan le ha dado una segunda oportunidad: ¡Dylan, cinco minutos y nos vamos! Al cabo de diez minutos, la tercera oportunidad, ¡Dylan, un minuto y nos vamos! ¡Fantástica oportunidad de comprobar que el concepto tiempo es una quimera inventada por las madres para que los niños se responsabilicen sobre algo que no les importa lo más mínimo, para eso ya tienen a sus madres controladoras!
- madre con retoño. Madre admirada por el resto de mamás, puesto que aún tiene un pequeñito al que agasajar, que no está enfadado con el mundo ni contigo y que debe llevar en brazos todo el tiempo. Aunque al cabo de un tiempo, no sé bien si es envidia o compasión, lo que el resto de madres de preadolescentes sienten por ella.
- madre dueña de la casa. Esa persona admirada, capaz de invitar a su casa a un centenar de niños de la edad de su hijo, junto con hermanos, vecinos y amigos. Esa mamá a la que el viento le levanta el tendal que había dispuesto para la fiesta en el jardín y no pierde en ningún momento la sonrisa, mientras indica a su marido (si, uno de los dos hombres de la fiesta), que vaya a por algo pesado para colocar encima de los postes.
Hablé con la madre guardadora de pizza, con la madre con hijos uno en cada escuela, con la madre dos minutos, con la madre retoño y con la madre dueña de la casa. Todas me parecieron encantadoras, todas esgrimían una sonrisa de oreja a oreja, todas tenían una conversación más o menos interesante. 
Pues en estas fiestas descubro a gente interesante, que se desviven por sus hijos y que aguantan estoicamente lametazos de perros desconocidos, temperaturas demasiado altas y conversaciones demasiado lánguidas, todo para que sus hijos disfruten de un buen rato de piscina con amigos de sus edades.
¡Las hay valientes!


Comentarios

  1. Me meo contigo y tus clasificaciones jajaja
    Pero tienes razón, hay que ser valiente y tener un casoplon como los de allá claro porque en mi piso de 70 metros cuadrados si invito a dos niños va que chuta jajaj

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    1. Pero es que aunque tuviera un casoplón yo no me atrevería a meter un centenar de niños desconocidos en mi casa. Nada, nada, valientes... o inconscientes, ahí va esa;)

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